20. Kyoto Park

Juanan360   29 abril, 2016   1 comentario en 20. Kyoto Park

Son las dos de la tarde en la terminal de trenes de Kyoto, la estación más impresionante que he visto en mi vida y estoy sentado sobre mi mochila, en el vestíbulo principal, bajo una imponente cristalera de más de setenta metros de altura. Acabo de llegar de casa de Trung, un vietnamita que me alojó anoche en su casa por couchsurfing. A mi alrededor hay mucha gente con abrigo y maletines van a trabajar, en grupo de colegialas vestidas con el mismo uniforme, que parecen copias sacada de la misma caja, pasan por delante de mi junto a su profesora abrazadas a sus carpetas.  A mi lado, dos señoras con mascarillas barren con esmero los suelos relucientes de la estación. Parece que aquí no hay nadie tan curioso y despreocupado como yo. Estoy esperando a Paula, una chica argentina que conocí a través de Facebook hace dos días mientras buscaba información sobre alojamiento barato en la página “Mochileros por Japón”. Topé con un mensaje suyo. Buscaba gente para salir a tomar algo en su última noche por Tokyo, antes de venir hacia aquí. Le escribí: «Yo también voy a Kyoto. ¿Te apetece que la recorramos juntos?». Me respondió al instante. «Vale. ¿Dónde quedamos?» Así de sencillo. Compañía e información de primera mano con acento argentino sobre Tokyo tan sólo escribiendo dos frases. Y parece simpática. Suena un mensaje en mi móvil: Paula: «Llego en media hora». Perfecto.

Paula (Argentina)

Paula (Argentina)

Estacion de Kyoto

Estacion de Kyoto

Estacion de Kyoto

Estacion de Kyoto

La veo llegar mezclada entre la turba. Con una bufanda verde y amarilla, destaca claramente entre los demás. Le envuelve un halo distinto que le hace no fundirse con el paisaje real. Nos saludamos. Autopresentaciones. Es de Rosario y va a viajar tres meses por Japón, Tailandia e Indonesia. En la zona Wi-Fi de la terminal elegimos el hostel. No hay mucho donde elegir, en la ciudad, la mayoría de los alojamientos son hoteled cuestan más de cuarenta euros. Salimos de la estación. En la puerta hay una parada de autobuses y taxis. Todos tienen puertas automáticas y conductores vestidos de traje oscuro y gorra. Decidimos caminar porque es gratis y el gps indica que nuestro hostal está a tan sólo treinta minutos. El lugar es limpio, silencioso y caliente; el personal, educado y servicial. Tiene una cocina bien equipada. En la sala común hay un sofá, una mesa con sillas, varias plantas y de las paredes cuelgan pinturas abstractas de buen gusto. Está cuidado hasta el más mínimo detalle. Los baños son los más limpios que he visto en un hostel en más de cinco meses de viaje. Hay té gratis y el desayuno está incluido. Todo es perfecto. Reservamos dos camas para dos días en una habitación compartida con literas.

Con la ayuda de guías de la ciudad planeamos las rutas como quienes están frente al mapa de un parque atracciones. La ciudad de Kyoto está provista de un sistema de calles perpendiculares que hace que parezca fácil moverse por ella. Tenemos dos días y medio por delante y hay cuatro puntos de nuestro interés.

Por cercanía, decidimos ir esa misma tarde al barrio de Gion. Tardamos poco más de media hora. Empezamos visitando el Yasaka Shrine, un antiguo santuario sintoísta, que data de 656. El sintoismo es una religión originaria de Japón basada en la adoración y veneración de los espíritus de la naturaleza y de los antepasados. Paseamos. Sus calles, limpias, ya en penumbra, están llenas de casas de té (ochayas), tiendas tradicionales de dulces, ropa, decoración, maquillaje, calzado, parasoles, farolillos de papel y souveniers. Pasamos por una elegante págoda de cinco pisos. También hay casas de geishas.

Las geishas son un exponente del pasado de Japón de hace más de 400 años. Eran las encargadas de distraer y dar compañia en fiestas y reuniones, tanto a hombres como a mujeres. No son prostitutas. Dominan el arte de la conversación y del protocolo, son cultas y suelen tocar algún instrumento tradicional japonés. Formadas en artes, como danza y el chadõ (estudio ceremonia del té), Su preparación dura como una carrera universitaria y pasa por diversas fases. A la aspirantes se les llaman Maykos. La geisha es una artista tradicional japonesa y cuida con gran detallismo su manera de vestir, maquillarse y peinarse, así como las formas y el movimiento, buscando siempre el equilibrio, la armonía y la perfección. Hoy en día quedan unas mil en todo Japón y son un símbolo que representa fuerza, delicadeza, mística, inteligencia, paz y serenidad. Las que vimos son falsas, gente común que se viste como ellas y pasean por el barrio haciéndose fotos.

“Van a pequeños pasos, con sandalias de suela de madera, luciendo peinado. Parecen simpáticas y van muy guapas con los kimonos vestidas, y un maquillaje tan blanco, que me entraban ganas de sacar un bolígrafo y garabatear en sus mejillas”. 

Ha sido un itinerario nada desdeñable,  de esos que te trasladan atrás en el tiempo o a una película, en el templo Toji, erigido sobre una colina desde el que puedes disfrutar de una panorámica de la ciudad.

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Entrada al Yasaka Shrine.  Foto Paula Casalnuovo

Templo Toji

Pagoda y falsas geishas

Yo por Gijón. Foto: Paula Casalnuovo

Yo por Gion. Foto: Paula Casalnuovo

Calle de Gion al anochecer

Calle de Gion al anochecer

Templo Rojo. Foto: Paula Casalnuovo

Templo Toji. Foto: Paula Casalnuovo

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Panorámica nocturna de Kioto. Foto: Paula Casalnuovo

Amanecemos temprano. En Japón, en invierno, hay pocas horas de luz y hay que madrugar para aprovechar el día. Desayunamos tostadas con mermelada y café. A las diez de la mañana ya estamos en la parada de autobús. Hace buen tiempo. Compramos dos “City Bus All-day Pass”, un bono que te permite viajar por un determinado perímetro de la ciudad durante todo el día. Si coges más de dos autobuses, sale rentable.

El Bosque de bambú de Arashiyama está en una población colindante a la ciudad rodeada de montañas. Desde la parada del autobús enfilamos hacia un sendero que discurre a lo largo de un río. A la izquierda fluye el agua, a la derecha hay un bosque, guiados por un camino perfectamente señalizado en japonés y en inglés. Tras media hora de ascenso hay un mirador con una amplia panorámica del valle, perfecto para tomar un descanso mientras sacas  unas. fotos.

Medía hora después,  llegamos al lugar que, según todas las guías y blog de viaje, tienes que ver si vienes a Kyoto: su famoso bosque de bambú, tan alto como una selva virgen, tan denso que impide el paso de la mayoría de los rayos del sol y cubre todo de sombra. Visualmente es muy bonito, lo imaginaba que más grande, más basto, pero en realidad es muy pequeño. Se extiende a lo largo de un camino de apenas trescientos metros de largo y está prohibido salir de él. No te puedes perder entre los bambúes. Es un bosque-museo para turistas y fotógrafos. No es lo que esperaba.

Tras echarnos unas fotos, volvemos por otro sendero que atraviesa pequeñas aldeas con algunos santuarios,  una vía de tren muy antigua, un cementerio y un bonito lago con patos y nenúfares. Todos los árboles y arbustos del recorrido están recortados con esmero. A veces ves todo tan perfecto que resulta artificial. Son maestros en la poda. Con ella, frenan el crecimiento, mejora la seguridad de las personas, favorecen la floración  y devuelve vigor a árboles débiles. No es una tarea fácil. Es importante hacerla en el momento adecuado, a la medida precisa con la técnica correcta y respetando,  siempre, la armonía y desarrollo del árbol. Parece un museo,  un zoo vegetal. Una vez en el punto de partida, cruzamos el río donde se encuentra el Parque Natural de los Monos Iwatayama. No entramos porque es caro y, además, no me gustan los zoos.

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Paula desde el mirador

Paula desde el mirador

Bosque de bambú

Bosque de bambú

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Yo en el bosque de bambú

Bambues

Bambues

Vía de tren

Vía de tren

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Por la tarde fuimos a ver otro punto de interés de la ciudad: el Templo del Pabellón de Oro. Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la United National Educational Scientific and Cultural Organization, la Unesco, en 1994. Es un edificio de tres plantas con las dos superiores están recubiertas de oro. Está construido bajo los criterios del Feng Shui que consiste en organizar sus elementos a fin de optimizar el flujo energético y espiritual del entorno para lograr una influencia positiva sobre las personas que lo ocupan.

El templo posee un espléndido jardín japonés y lo rodea un estanque llamado “espejo de agua” sobre el cuál, hay pequeñas islitas con árboles bellamente podados. Todo, hasta el pequeño lago, ha sido creado por el hombre sobre lo que era un arrozal. El lugar el bonito, pero siendo sincero, a mi estas visitas, tan marcadas, con hordas de turistas haciéndose selfies me aburren un poco. No me divierten  Afortunadamente para mi, está Paula, siempre sonriente y de buen humor, vacilona como yo. Bromeamos entre nosotros, tal vez, para quitarle hierro a tanta seriedad. Nuestra bromas no son graciosas, pero no nos importa. Basta saber que podemos bromear, y que entre nosotros se extiende un terreno compartido haciendo lo que más nos gusta: Viajar y descubrir.

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Son las ocho de la mañana en mi último dia en Kyoto. Paula me ha despertado. «Juanan, he perdido mi vuelo a Tailandia» me dice, disgustada. «¿Pero no te ibas esta noche?» pregunto, sumido todavía en un estado de duermevela. «Eso por pensaba yo. Pero acabo de mirar mi billete y me he equivocado de dia»  Me descojono. No puedo contenerme la risa. «La concha de tu madre, sos una boluda» le digo a la pobre. Pero a veces esto pasa en los viajes. Que nos confiamos en que sabemos la fecha o pensamos que a las doce y media de la noche,  antes de dormir,  no ha cambiado el día. Sales un día y llegas otro. En un país es una hora y en otro, otra. Puedes liarte si no estás atento. Afortunadamente para ella,  los chicos del hostel le han sacado un billete para esta noche, justo, para cuando ella realmente creía que se iba. Doscientos dólares le ha costado el despiste. Tras el disgusto, y ya con todo en orden, desayunamos, hacemos el check out y dejamos nuestras mochilas en un locker (taquilla) del hostel para disfrutar de nuestra ultimo dia en la ciudad.

Vamos al Fushimi Inari Taisha. La famosa montaña con las puertas naranjas (Tories), otro punto mitiquísimo de Kyoto. Es un santuario sintoísta dedicado a Inari, un espíritu patrón de los negocios y protector de las cosechas. Empezó a construirse en el año 711. Cada vez que alguien quiere pedir o agradecer por algo, dona un tori.  En ellos hay Kanjis, que son palabras de agradecimiento que las empresas o particulares escriben. Hoy en día hay más de mil colocados por los todos los caminos de la montaña.

Al revés que me pasó con el bosque de bambú, pensaba que iba a ser pequeño pero en la realidad es enorme. Esto hace que, a pesar de la gran de turistas que aquí vienen, puedas pasear alguno  tramos completamente solo. Es un sitio muy  chulo y peculiar,  con diferentes senderos que suben la montaña y atraviesan un bosque de bambú que la cubre con innumerables capillas, pequeños templos, altares y estatuas de Inari por todo su recorrido. Lo que más me ha gustado de todo Japón.

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Vuelta al hotel. Volvemos juntos a la estación. Otra despedida más. Gracias a Paula no me he aburrido estos días en Kyoto. Una ciudad muy bonita, sin duda. Interesante. Pero solo estoy seguro que me hubiera aburrido. Viajar por Kyoto, al igual que Osaka no es como viajar por India. Ni como Nepal, o Tailandia.  Con más vida, más olores en la calle. Con más contacto humano. «No parece Asia», pienso,  de noche, en la parada del autobús.

“Sopla el viento invernal, está lloviendo en la cola alineada de forma perfecta que sube al autobús que me llevará a Tokyo.  Confortable, caliente y con Wi-Fi, es perfecto. pero por la noche no te permiten encender el móvil porque deslumbras. Hasta la oscuridad les gusta perfecta. Así las cosas, sin poder hacer nada, aburrido, observo la lluvia, al otro lado de la ventana, siguiendo con la mirada cómo los goterones van trazando lineas por el cristal, escuchando el sonido de los neumáticos al rodar sobre la fina peíicula de agua.

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Un comentario en “20. Kyoto Park

  1. JMLikos

    Como siempre: despliegue de sensaciones, luz y color. Espero que sea el preámbulo de un libro mas reposado y con otras interioridades que se puedan contar para darle otro matiz mas morboso.
    Te veo siempre muy bien acompañado, y creo que te estás convirtiendo en el nuevo “Dragó” del Asia hispana. ¿Piensas dejar descendencia entre el Índico y el Pacífico?
    Cuídate mucho.
    Un abrazo
    https://www.youtube.com/watch?v=TSP0e5rXUl8

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