19. Caminos fríos, caminos tristes

La mañana de mi primer dia en Japón llovía como si arrojaran cubos de agua desde el cielo y hacía frío. Tras ducharme, mientras me secaba la cabeza con una toalla, contemplé la ciudad de Osaka que se extendía ante mi al otro lado de la ventana, teñida de gris, y se me quitaron las ganas de hacer nada fuera del hotel. Así las cosas, me dediqué a enviar peticiones de alojamiento a través de couchsurfing. Redacté un texto general que iba personalizando, uno a uno, poniendo el nombre de mi anfitrión y añadiendo algún párrafo mentando algo de su perfil antes de enviarlo. En inglés, me presentaba y les ofrecía la oportunidad de un alojamiento gratuito en mi casa de Madrid para ganarme puntos. Envié unas cuarenta peticiones en Osaka, Kyoto y Tokyo. También estuve descargando mapas y mirando rutas por esas ciudades. Por la tarde escampó y me fui a ver los alrededores de mi hotel ubicado en el barrio de Namba, en el centro de la ciudad y cerca de la zona comercial. Osaka es la capital mundial de uno de mis vicios favoritos: los videojuegos. Aquí tienen su sede la mayoría de las más famosas compañías japonesas del sector. Sabiendo esto, no me costó mucho decidir a dónde dirigirme.

Sala recreativa

Sala recreativa

Fui a Den Den Town, la  llamada zona de la electrónica de Osaka, a media hora andando desde mi hotel y entré en la sala recreativa más grande que encontré, un edificio enorme lleno de videojuegos de todo tipo. La primera planta está dedicada a las máquinas grúa. Metes una moneda y tienes una oportunidad para acertar a que un gancho pince lo que sea que quieras conseguir. Hay desde muñecos y joyas hasta consolas. Yo estuve unos diez minutos mirando y no vi a nadie conseguir nada. Me sorprendió la gran cantidad de máquinas de este tipo que había. Subo por las escaleras mecánicas. Todas las paredes están decoradas con posters de los personajes de los juegos. Hay seis plantas. Es un paraíso del vicio. Camino entre las máquinas como un general que pasara revista a las tropas. Innumerable la cantidad de máquinas de todo tipo que hay; De baile. De música imitando instrumentos. Hay guitarras, pianos, baterías y mesas de deejay. Juegos de coches y de peleas. Shooters. De rol con mandos y con cartas. De idols. De mesa en linea, como el monopoli, el trivial.. Los de fútbol se juegan con cartas que los jugadores utilizan para forman su alineación y dirigir a su equipo. Hay juegos hasta de carreras de caballos. Los tienes para niños y hasta eróticos para adultos Tienes todos los videojuegos que puedas llegar a imaginar y más. Desde los clásicos de toda vida a las últimas novedades del mercado. Todos en pantallas gigantes de alta definición y con unos espectaculares efectos de sonido. La mayoría de las máquinas vienen con una conexión minijack para que enchufes tus propios cascos. Se puede fumar en el local. Tras jugar unas partidas a unos juegos de coches de carreras, me meto en las cabinas de un juego de mechas (robots). Mis mandos son dos pistolas con gatillos para mis indices y cuatro botones para cada uno de mis pulgares. La pantalla era curva y ocupaba prácticamente todo mi ángulo de visión. Estrujo botones matando a todo quisque como un loco, con mi conciencia vagando por la frontera entre lo real y lo irreal. Me alío, codo con codo, con un chico japonés de unos catorce años que se sabe el juego casi de memoria y me iba guiando. Él, es uno de los muchas personas que había jugando cuando llegué, y yo, viciado, casi diría que neurótico, uno de los muchos yoes que viven por el mundo. Después de tres horas jugando sin descanso y gastarme en yenes el equivalente a veinte euros, salgo del local. Me ha parecido que había estado en un parque de atracciones. En este mundo hay quienes matamos así el tiempo.

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Maquinas de mechas

Vago sin rumbo por las calles del centro Osaka ya en penumbra, absorto en mis pensamientos. El cielo sigue encapotado y el aire es claro, límpido y tan frío que dolía al respirarlo. El aliento de los transeúntes flota, blanco, durante unos instantes y luego se desvanecen. Los gases de los tubos de escape le dan un aspecto fantasmagórico a las calles bajo la iluminación nocturna de la ciudad. Paseo por la zona comercial de Shinsekai y contemplo uno de los símbolos de Osaka, la torre Tsutenkai, construida en 1912, desmantelada durante segunda guerra mundial para construir armamento,y reconstruida en 1952 como símbolo de un nuevo renacer en Japón.FB_IMG_1459342826262

Restaurante

Restaurante

Cuando empecé a no soportar el frío, entré en un restaurante. Era un local limpio, bullicioso, caliente y barato. Pedí un plato de Kushikatsu (brochetas empanadas) con té verde. Me lo comí despacio, concentrándome en cada bocado, mientras bebía también despacio, trago a trago, el té. Cuando uno está solo y ocioso, hace las cosas a conciencia, tomándose su tiempo. Diez euros me costó, casi el presupuesto diario en mis anteriores países. Volví a mi hotel sin problemas a pesar de que me había alejado bastante y no llevaba mapa. Abrí el correo. Tenia un montón de respuestas en mi perfil de couchsurfing. Todas negativas excepto una. Shinya, un japonés que vive en la prefectura de Osaka ha aceptado mi solicitud. y Me ha respondido en español y me espera mañana a mediodía. Será la primera vez en mi viaje que me aloje en casa de alguien desconocido a través couchsurfing.

Son la una de la mañana cuando veo aparecer a Shinya con su bicicleta junto a la estación de Setu Tonda, a las afueras de Osaka. Caminamos charlando durante diez minutos hasta su casa por un barrio residencial de casas bajas. Me cuenta que no tiene coche porque en Japón es muy caro mantenerlo. Aparte de la gasolina y los seguros, tienes que tener un aparcamiento. Si no lo tienes o no demuestras que tienes uno alquilado por un largo período de tiempo no puedes comprarte un coche. Shinya vive en una pequeña casa de dos plantas. A ella se accede por una puerta corredera. Lo primero que veo es la cocina. Es pequeña, con las estanterías al límite y las encimeras tan repletas de cosas, que hace difícil pensar que en ella se pueda cocinar con comodidad. El baño es minúsculo, parecido al de una autocaravana, tiene un retrete eléctrico con calefacción en la tapa y chorros para limpiarte después de. También hay otro baño sólo para la ducha, con una bañera cuadrada de menos de un metro por lado. El salón no tiene sofás. Se come y se hace vida en una mesa baja sentado sobre cojines en el suelo. Al fondo hay una tele de tubo y una estantería atestada de cosas. En la planta de arriba está mi habitación. Mi cama es un tatami con edredones. Me ha dejado preparadas un juego de llaves de la casa, sábanas y toallas limpias. En una pared hay un calefactor y enchufes con varias clavijas. Es una casa típica japonesa, pequeña, modesta, pero que contiene todo lo que necesito y sin gastar ni un yen. Aquí pasaré tres días.

Tatami

Tatami

Durante la cena estuvimos hablando distendidamente de España y de Japón. Intercambio cultural. Shinya habla español perfecto. Ha viajado varias veces por España y le encanta Andalucía y Extremadura. Tiene una página web en auge a través de la cual vende productos españoles. Quiere montárselo por su cuenta, ser autónomo. No le gusta nada la filosofía del trabajo japonesa. Muy diferente a la de España. Los japoneses están estrictamente fundamentados en la disciplina, por costumbre y por educación. En la escuela se enseña a ser ordenados y competitivos; en la familia, a ser los mejores. Se  involucran al cien por cien en todo lo que hacen, ya sean aficiones o trabajo. Si tienen que trabajar más por el bien de la empresa, lo hacen. Si tienen que llevarse el pijama para dormir en la oficina por el bien de la empresa, también lo hacen. Se sienten bien mientras trabajan. Les satisface. En cierto sentido, viven para trabajar. Es una sociedad donde la disciplina, el orden y la.competitividad se lleva en la sangre. Esto ha hecho de Japón, un país pequeño y con pocos recursos naturales, llegar a ser la tercera potencia económica mundial. Pero por otro lado,  triste lado, cuenta con una de la más altas tasas de suicidio por razones laborales. Por fracasar, por decepcionar, por el qué dirán de mi. Por no llegar a ser los mejores. Por orgullo. Por un error de pensamiento. También hablamos de la guerra.  Como la mayoría de los japoneses de su generación, Shinya tuvo un abuelo que participó activamente en la Segunda Guerra Mundial. Fue aviador de combate. Le obligaron tanto a alistarse como a despegar tan sólo con el combustible suficiente para llegar hasta su objetivo y bombardear. No para volver. Murió como kamikaze en el frente contra Estados Unidos. Cenó sake la noche antes de la batalla sabiendo que esa sería la última de su vida. Sabiendo que ya nunca más volvería a ver a su familia. En total murieron más de tres millones y medio de japoneses en la guerra, dejando también, tras ella, millones heridos, viudas y huérfanos. La historia del abuelo de Shinya me entristeció el alma. Viajando te puedes encontrar, de repente, sin esperarlo, a personas con historias y problemas que pueden llegar a afectar tu estado de ánimo. ¿Por qué luchara la gente?¿Por qué cientos de miles de personas tendrán que matar en masa a los individuos del bando opuesto? ¿La guerra nace de la ira o del miedo? Reflexioné, después de la cena tumbado en mi tatami, solo, en penumbra, con la vista clavada en el techo y tan triste como un poema triste de Miguel Hernandez.

A la mañana siguiente me fui hacer turismo de la mano de Shinya al templo de Osaka y hace un frio que pela con un viento punzante como un puñal. El templo está sobre la colina de un recinto grande con estanques, fuentes, murallas, torres de defensa y jardines con arbustos y árboles bellamente recortados. Parece mentira, que un sitio tan apacible, fuese, antaño, escenario de sangrientos combates. Hay puestos de comida, aquí y allá. Gente por todos lados. Según Shinya todos son turistas extranjeros. Donde yo veo japoneses, él diferencia a chinos, coreanos, filipinos y vietnamitas. Jugamos a ver si yo era capaz de adivinar la procedencia de quien se cruza con nosotros pero no doy una porque todavía no soy capaz de distinguir bien esas sutiles diferencias faciales entre unos y otros. El castillo es un replica de uno que se construyó en el Siglo XVI. Es una construcción perfecta, armoniosa en tamaño y forma. Después del castillo paseamos por la cuenca de río, comemos por la zona empresarial antes de volver a casa.

Castillo de Osaka

Castillo de Osaka

Al cole

Al cole

Yo, Santi y Shinya

Yo, Santi y Shinya

El último dia vino Santi, amigo de Shinya. Es de Argentina y lleva casi dos meses viajando por Japón haciendo autostop. En Tokyo se alojó en casa de Jacky, una mujer que casualmente ha aceptado alojarme a mi durante cuatro noches. También me ha invitado un estudiante vietnamita a dormir en mi primera noche en Kyoto. Santi dentro de dos días se va a Filipinas. Su idea era ir a Corea, como yo, pero las noticias dan mal tiempo y ha cambiado de planes. ¿Es una señal? Mientras me cuenta su futura ruta pienso, tumbado en la alfombra y tapado con una manta, en lo maravilloso que sería poder ir a las playas de Filipinas. Imagino el olor de su mar azul cristalino y el rumor de las olas rompiendo en una orilla de arena blanca. Dibujo en mi cabeza la figura de las garzas volando. Pienso en un batido de mango a la sombra de las palmeras. «¿Y por qué no?» Me pregunto. A mi mismo. A la única persona a la que necesito preguntar para saber donde quiero, al único responsable de este camino y de mi felicidad. Los vuelos son baratos y hace buen tiempo. Allí el cielo es azul, hay mar, hay luna y estrellas, y mi mochila contiene todo lo que puedo necesitar para vivir en cualquier país. «Decidido», me respondo. «Corea y el frío pueden espera». Cambio de destino. Después de Japón, me iré a Filipinas.

Poema de Miguel Hernandez.

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2 comentarios en “19. Caminos fríos, caminos tristes

  1. JM Likos

    Uf! En el paraíso de los videojuegos: no me extraña que estés en la Gloria!
    Te veo con menos entusiasmo, a pesar de todo. Espero que Filipinas te suba el ánimo y recuperes el tono festivo. Manila, Cádiz, Getafe/Jetafe….te levantarán el ánimo y aprenderás algo de tagalo para hablar con Auge o I. Preysler.
    Recuerdas a Francisco Javier,por Japón, o Miguel López de Legazpi…por esos pagos. Tu si que eres “el último de Filipinas“.
    Un abrazo.

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