16. Raving Psycodelia

Los que me conocen bien, saben lo mucho que me ha apasionado siempre la música electrónica. Para mi es un hobby,  una pasión. Ya sea en playas, desiertos, bosques, tanto da, sea donde sea, me encanta tirarme horas, incluso días, bailando con mis amigos en festivales o raves, alejado de los problemas del mundo. Pues bien, el viaje ha puesto en mi camino, en una isla paradisíaca nada menos, y en nochevieja precisamente, el tipo de festival que más me gusta con la música que más me engancha y más me divierte: Psycodelic Trance. 

Para explicar un poco el Psycodelic tengo que remontarme cincuenta años en el tiempo, concretamente a la década de los 60 donde los hippies empezaron a hacer de las suyas; aquellos jóvenes antibelicistas de la época post-industrial que se oponían al materialismo, a la burocrácia que dirige y frena la fluidez de la vida y al juego de normas y prohibiciones que supuestamente posibilitan la libertad pero que siempre la coartan. También se oponían a otros valores dominantes en aquellos tiempos, y de hoy en dia, como la propiedad, el trabajo, el dinero, la competencia, la diferencia de clases o la represión ideológica, entre otras. En los años setenta los hippies se extendieron por todos los países desarrollados, EEUU, Canada, Europa Occidental y muchos emigraron a zonas aisladas del mundo, más naturales, más espirituales, como Ibiza en España, Tailandia o la India.

Es en India, concretamente en Goa y de manos de aquellos hippies, al ritmo Janis Joplin, The Doors, Pink Floyd y demás grupos de rock psicodélico de la época, donde se empezaron a gestar las primeras fiestas psicodélicas. Y es, a mediados de setenta, cuando empieza el acercamiento de este tipo de música a la electrónica debido a la aparición de los sintetizadores y de nuevos medios de producción musical más modernos. Esa evolución, originó el denominado Goa Trance, que surgió con la idea de dar una respuesta musical a aquella gente que quería experimentar un estado de transcendencia corporal similar al de los antiguos rituales chamánicos, a través de ritmos potentes, melodías hipnóticas y en contacto directo con la naturaleza.

Con el paso de los años, el Goa Trance empieza a ser muy conocido en muchas partes de Europa e Israel, donde al chocar con el trance clásico y el tecno sufre una nueva evolución: el Psycodelic Trance que, desde entonces, ha sufrido nuevas  y nuevas evoluciones hasta la actualidad, donde cuenta con una gran variedad de sonoridades, tiempo y estilos.

Para alguien que nunca de estado en eventos de este tipo o para quien jamás ha escuchado este típo de música con un sonido potente y nítido, nunca podrá entender al cien por cien la atmósfera que puede llegar a vivirse dentro de un festival psicodélico por mucho que se lo explique. A pesar de eso intentaré, en este relato escrito en primera persona; un retrato subjetivo mostrará un poco de lo que se cuece en ellos, por si algún dia tropezáis con alguno en vuestros viajes por el mundo.

Psycodelia

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Crónica Experience Festival 2016

Entro al recinto del festival a las diez de la noche en una moto de alquiler. No hay nadie en la entrada a excepción de la taquillera que me pone la pulsera. El lugar está oscuro silencioso y tranquilo. A la luz de mi frontal subo una pequeña pendiente de tierra. Sin distinguir la entrada del camping entre los árboles del bosque, llego a una zona donde incontables medusas, estrellas, flores y peces fosforescentes de colores flotan a mi alrededor, brillando en la oscuridad, inmóviles, como espiándome. Es una escena casi irreal, mágica. Sé que me he equivocado, que por aquí no está el camping, que estoy en el recinto del festival. Aún así, inspecciono la zona a solas, hipnotizado, recreándome con todo y sin cerrar los ojos excepto para parpadear.

aquél

Entro en un pequeño bosquecillo por un sendero. A trechos, hay pendientes empinadas que bajo agarrándome a los árboles. Doy un paso y otro paso con precaución, a la luz de la linterna, mirando atentamente dónde pongo los pies mientras busco un lugar llano, limpio, cerca de alguna de las pocas bombillas que la organización ha colgado con cuerdas, hasta que encuentro el sitio perfecto. Me desprendo de la mochila, la dejo caer. Mientras monto la tienda, de vez en cuando, se me acercan enormes mosquitos. Los oigo zumbar junto a mis oídos. Los ahuyento con la mano, intento aplastarlos con una palmada. Levanto la tienda donde dormiré las próximas seis noches y la aseguro con los vientos. Me pongo ropa limpia, me rocío con spray insecticida las partes de mi cuerpo que quedan al descubierto y me cepillos los dientes. Meto todo en la tienda, extiendo la esterilla y me tumbo boca sobre ella. Cierro los ojos y a dormir. Es día 28 y son las once de la noche. Faltan dos más para que comience el festival.

Por la mañana me fui con la moto a Sairee Beach, la playa más turística de Koh Tao, a desayunar, darme un baño y leer. La tarde la pasé con la familia española. Día de tranquilidad y de coger fuerza para lo que viene. Comida por aquí, playa paradisíaca por allá. Por la noche fuimos todos a la escuela de buceo Pdm. Tienen una azotea con bar, parrilla y música. Buen rollito, asado argentino, buceadores tatuados y musculosos y tias buenas para repartir. Ya sabéis, Tailandia es Disneylandia.

Saree Beach

sari Beach

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playa

Son las diez de la mañana del dia 30. Sólo faltan tres horas y media para que comience el festival. Salgo de la tienda y me desperezco envuelto en el aire fresco de la mañana. Me doy una ducha y salgo del recinto a desayunar y a devolver la moto porque ya no la necesito. A la que vuelvo, paso por un 7-Eleven y compro agua, bollos, cuatro paquetes de tabaco y recojo mi colada limpia de una lavandería. A la una estoy de vuelta en la tienda, ya rodeada por completo de otras, pañuelos tranceros y hamacas y preparado con todo los que necesito para sobrevivir uno o dos días de fiesta. Es mientras charlo con la gente acampada a mi alrededor, la mayoría franceses, a las 13:40H, cuando un sonido grave, profundo e intenso surge desde lo alto de la colina rasgando el aire. Es la señal. La llamada, como aullido del lobo que avisa a la manada. El Experience Festival 2016 está a punto de comenzar.

Desde el camping yo tardo 8 minutos en llegar a la pista. Hay que pasar por un control acceso y que no permite la introducción de bebida y comida al recinto. Pasada la entrada hay un camino decorado con pañuelos psicodélicos y dos barras de bar. La pista es grande, con el suelo de arena de playa y está cubierta por una gran carpa de colores ácidos y adornos alusivos a la cultura hindú. A los lados, hay tarimas y balcones de madera desde donde puedes ver el mar y la linea serpenteante de la playa de donde emergen elegantes colinas verdes y saborear el olor de la brisa con olor amar. Nada más poner mis pies ya descalzos sobre la arena escucho mi nombre. Es Rico, con Armand, dos chicos suizos que conocí en un tuctuc en Chiang Mai que me presentan a dos amigos suyos, suizos también, son Abu y Simon. «Quédate con nosotros» me dice Rico. Con ellos y Maria pasaré todo el festival.

Los guardianes de la moral

Los guardianes de la moral

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Camino de acceso

Empecé frío, tranquilo. Decidí tomármelo con calma porque cuatro días de música non-stop dan para mucho. Además, los primeros djs tampoco ayudan. Que un estilo de música te encante, no significa que, necesariamente, te tenga que gustar todo lo que englobe. Bailo un poco, me pido una cerveza, charlo un rato con el barman y me voy a ver la zona de tiendas. Me compro una camiseta trancera para mi y otra para regalársela a ese amigo del que te acuerdas porque te has pegado mil de éstas. Como algo en uno de los pequeños restaurantes que hay en el recinto, me doy otra ducha, y después me visto con mi camiseta nueva; Al volver con mis amigos, una de sus amigas se me acerca. Recuerdo que era rubia de ojos azules y que tenía las tetas gordas. Me pinta la mejillas y los brazos con pintura azul y amarilla fosforito con cara de quien está estudiando un problema de matemáticas escrito en una pizarra. No se que ha hecho, pero mis amigos levantan los pulgares y sonríen al verme, como diciendo,ahora si. “Ahora si soy trancero, el más trancero del mundo”. 

Y bailo. Troncho la pista. A practicar esa actividad como el ser humano lleva haciendo desde tiempos inmemoriales. La energía de las vibraciones transmitidas por el sonido de la musica golpean mi cuerpo que, sin parar un instante, se balancea rítmicamente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, como un metrónomo.

Por la noche Maria. Estuvimos en la zona de relajación que todos los festivales de este tipo suelen tener a disfrutar de música Chill Out,  con un espectáculo con cariocas con fuego y de luces de colores. A las siete nos vamos a la tienda pero es tan pequeña que entremos apenas y tenemos que dormir con una mitad del cuerpo dentro y la otra fuera. Todo es tan incomodo, que decidimos irnos a la playa, a Chalok, a la playa de una bonita bahía de aguas cálidas y transparentes, con muchas sombras para tumbarse y relajarse. Allí nos damos un baño paradisíaco de casi dos horas y después ella se queda en su hostel con las amigas y yo vuelvo al festival. Me doy una ducha para quitarme el salitre y el sudor y me echo la siesta. Son las siete de la tarde y llevo mas de 35 horas sin dormir.

Chalok Beach

Chalok Beach

Cerca de Chalok Beach

Cerca de Chalok Beach

«Four, three, two, one»  Unos chicos han gritado una cuenta atrás y me han despertado. «Ya es año nuevo», pienso, completamente a oscuras. A tientas, busco mi linterna. Salgo de la tienda. No se ve ni un alma. Me siento sobre una piedra, bebo agua mineral y me enciendo un cigarrillo,  pienso en mi familia y en mis amigos. Pienso en la cena especial y abundante que mi madre habrá preparado, y en los brindis y las copas que la siguen con mis amigos. Me siento solo. Me siento lo más solo que alguien pueda llegar a sentirse. Me siento desesperadamente solo. Dentro de las profundas tinieblas de la noche, rodeado de los árboles del bosque.

Ceno sentado en un bordillo de madera mientras observo la pista central. No veo a ningún conocido. Busco un rato más. Nada, nadie. La música está muy rápida y demasiado oscura para mi estado de ánimo. Podría bailarla pero me siento perdido y cansado. Podría llamar a mis amigas que andan por Koh Tao celebrando el año nuevo y dejar de sentirme así. Bajar con ellas, emborracharme y bailar pachanga, pero también perdería la mañana durmiendo así que decido volver al camping. Desenrosco la bombilla que hay cerca de mi tienda con una toalla y mucho cuidado para no quemarme. Conecto un adaptador especial que me compré en la India y cargo la batería de mi móvil. He dejado toda la zona sin luz pero consigo mi objetivo. Leo y mando mensajes de felicitación desde mi tienda, mientras escucho a la gente tropezar con loa vientos de mi tienda, en la oscuridad. Me quedo dormido. No sueño.

Y amanece un dia nuevo, un año nuevo. En la pista están todos. Abu, Simon, Rico, hasta la chica tetuda. Ninguno ha dormido. Yo estoy de buen humor y fresco como el rocío de la hierba a primera hora de la mañana. Pido Pad Thai, un pincho de pollo y una Coca cola. Me siento. Saco una foto. Grabo un video.

La hora de comer

La hora de comer

“Bailo en la arena. Bailo en el bar. Bailo incluso cuando voy de camino a mear.”

A veces me subo a una de las plataformas, cara a cara con un altavoz que triplica mi altura porque me gusta sentir la potente energía que desprende. La música me golpea, los tímpanos me vibran, pero no molesta. Son tan potentes que sientes como si se hubiese levantado ante ti la mismísima tapa del espacio.

“Bailo. Disfruto. Olvido.”

Veo acercarse a Simón con algo humeante en la mano. MarihuanaEs una ele. Es la mismísima Almenara de Gondor. Y yo estoy como Frodo con el anillo puesto desde que entré por la puerta del festival. Le doy una profunda calada. Retengo el humo en mis pulmones como si fuera una dulce nube. Lo exhalo lentamente. Toso. Otra calada; lo inspiro, lo retengo, lo exhalo. Dos veces más.  Soy un vivalavirgen. Toso más fuerte. Lo devuelvo. A los cinco minutos, tengo la impresión de que las cosas a mi empiezan a transformarse; el reflejo de la luz. Miro al Dj, mejor dicho, dirijo la mirada al punto del espacio donde él se encuentra, me cuesta enfocar. Siento que de la pista emanan sensaciones más intensas y que mi cuerpo se balancea al compás de la música como si lo llevase el vaivén de las olas, “Soy una barca a la deriva y la música el mar”.

experiencia de 8

La cabina

Cabina y djs

Cabina y djs

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Panoramica del festival

No sé qué hora es. No llevo reloj y en estas fiestas, con esta música tan reiterativa e hipnótica, el paso de tiempo es completamente incierto. Llevo tantas horas bailando sobre la arena que mis riñones, mis gemelos y plantas de los pies sueltan alaridos de dolor, pero yo sigo adelante. Mi cuerpo protesta, resistiéndose, pero disfruto tanto que nada de esto me amilana. También sudo a mares, y mi camiseta empapada pesa cada vez más. Pero no puedo parar. Mis piernas desnudas, sin conexión alguna con mi cerebro cansao, no pueden dejar de bailar sobre la arena de Koh Tao.

A las siete anochece y a las diez he cumplido casi 12 horas de cachondeo, habiéndome gastado todo lo que llevaba y fumado el paquete y medio de tabaco que tenía. Decido volver a la tienda por más. Me busco la llave del candado. No la encuentro porque la he perdido vete tu a saber dónde, cómo y en qué momento. No queda otra: tengo que romper mi tienda.

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Yo, volviendo al camping

Ahora el camino es más intrincado. De hecho, el camino ha dejado de existir por completo, bloqueado por más tiendas y hamacas. Tardo veinte minutos en llegar. Cojo las cremalleras de la tienda con ambas manos y pego un tirón, de la misma forma que Hulk Hogan destrozaba sus camisetas. Que casualidad, ahora sí hay gente, y todos me alumbran con sus linternas. Me ciegan.  De la misma Sauron cegaba a Frodo con su ojo. «It‘s me. No problem», les digo protegiendo con mis manos los ojos de la luz. Al sentarme me noto mucho más cansado y ebrio de lo que imaginaba. Mi cuerpo demanda un profundo descanso a mi mente. Si me tumbo, ya no me levanto. Decido tumbarme. Cuando abro los ojos de subito son las nueve de la mañana ya me encuentro perfectamente despierto. Bebo como un caballo más de medio litro de agua mineral, al tiempo, que voy recogiendo, despacio, los fragmentos de mi conciencia. La luz de la mañana inunda el interior de mi tienda. Es una luz cegadora. ¿O será por el ciego de ayer?

Desde lo alto de la colina, por supuesto, llega la música. Me está llamando. “Ven a bailar”. No tengo tiempo que perder. Quedan menos de diez horas de música. Me muevo rápido. Ducha, 7-Eleven, desayuno. A las diez y media ya estoy en la pista, otra vez, mano a mano con la música para disfruta del último dia, del cierre del festival.

Todo está a pleno rendimiento, el sonido, la música, la gente, las barras de los bares. Están todos los amigos que he ido haciendo en el festival. También hay niños con protectores para sus tiernos oídos y un hombre que rondará los 70 años bailar con su pareja y otros colegas suyos. Y a nadie le extraña. Nadie les mira. Todos se lo están pasando de puta madre, disfrutando de la música, del baile, del paisaje paradisíaco y perfecto que a todos nos envuelve. No es la edad, es el espíritu. La música no entiende de edades. Es igual que las tempestades, las inundaciones o los terremotos.

Miro el reloj. Las dos de la tarde. De refilón, veo también la fecha, dos de enero, es laborable. Ahora pienso que mis amigos y mi familia estarán trabajando mientras yo estoy bailando trance descalzo en una colina con palmeras, respirando aire con olor a mar, y con una fresca cerveza en la mano delante de un altavoz ajajaja.

Bajo el cielo teñido con los colores del atardecer y la pista a rebosar,  a las seis de la tarde, suena el ultimo tema. La gente pide más, por supuesto,  pero el dj, con cara de lamentarlo mucho, muestra el cable que le acaban de desconectar. No le dejan más. En algún momento tenia que llegar. Si es por la gente, si es por mi, nos tirábamos aquí todo el año jajajaj. Fin del festival. Vuelta a la realidad.

A las nueve de noche, tras relajarnos un poco en el chill out, María y yo nos vamos  al High Bar de Koh Tao para reunirnos con Yaiza, Mikel y amigos suyos. Allí me pido un superpostre y me apoltrono en uno de sus confortables sofá frente todos. Siento la paz que le sigue a un festival. Me siento lo más en paz que una persona puede llegar a sentirse. Recordando, a flashazos, momentos puntuales del festival y sin poder, aún, parar de mover las piernas.

Tras media hora de paseo por las calles de mi querida Koh Tao llego a mi tienda, a mi hueco de hoy en el mundo. La luz de la luna ilumina el suelo del bosque a trozos, dibujando, a la vez, un nítido moteado en la superficie de mi tienda con las sombras de la ramas. Permanezco un rato fuera, fumando el último pitillo y erigido como un monumento en mitad de la oscuridad de la noche.

“Sólo queda la naturaleza y los ecos lejanos de los altavoces que resuenan todavía en mi interior”.

Fin del fest

Fin del fest

 

“Por su influencia en mi amor por la electrónica, y porque no he podido evitar acordarme constantemente  de ellos en este festival, este relato va dedicado a mi hermana Mari Jose, Miguel Ayala, Ruben de la Peña, Javier Selgas y Oskitar.”

«We are one»

5 comentarios en “16. Raving Psycodelia

  1. Valle

    pues sí Juanan !!!!!! muy bueno el relato !!!!! me ha gustado muchisimo y me hubiera encantao estar ahí contigo…..con lo que me gusta a mi un festival de Trance !!!!! y más con gente como tu !!!!! creo que Boom Schankar sale en el ultimo video delante de la cabina del Dj….uno alto muy muy rubio con rastas y muy blankito él……lo de perder las llaves…pues bueeeno…es lo normal, no??? sabes?? en una fiesta perdí un llavero-navaja muy guapo…..a los an^os (por lo menos 5 ) , en ese mismo lugar alguien lo encontró…la casualidad que estaba cerca mia y lo escuché decir…qué pena, está to oxidao…pero está guapa la navajita, eh??? me volví y….ekilicuá !!!! allí estaba mi llavero-navaja azul !!!!! jajajajja….se lo conté al chaval, nos reimos un rato y la tiramos por coño que estaba toa oxidá no se fuera a cortar alguien !! jajjajajaj….esto es solo por contarte algo…no porque sea interesante !!! jajajajaj….
    por cierto……bailaste, sí y mucho….comiste, también y dormiste !!!!! y te duchaste y…..no dices en ningun momento que hicieras pis !!!!!!! ejem….jajajajjajajjaj…es una bromita !!!
    ah !!!! y la de las tetas gordas que??? anda que tambien ibas a escribir sobre el color de sus ojos !!!! jajajjajajaj….otra bromita 😉
    Amigo…..sigue disfrutando de los viajes….de todos los tipos…. tu me entiendes…..disfrutando de la vida….disfrutando de la libertad……y de la soledad……modo on : disfrutando
    muchos besos

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  2. Javi

    Hermano!! Acabo de leerlo por fin!! Ahora este es el que más me ha gustado de momento. Me he descojonado vivo, te he imaginado en cada línea. Años nos ha costado sacarte del House para convertirte en el más trancero del mundo!! xD Sólo puedo decir una cosa más Frodo…. always…Psycodelic Trance!

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  3. Oskitar

    Juanan!!!! Muchisimas gracias por traerme esos recuerdos tan maravillosos y casi olvidados. Mientras leia me he visto bailando con la familia como en los viejos tiempos. Que ganas de pegarme una con vosotros, ya llegara el momento. Gracias por la dedicatoria me ha hecho mucha ilusion.

    Un beso viajero

    See you soon

    Always psy-trance

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  4. Poto

    Ese Juanitooo !!! tiene razón Javi, te he visto perfectamente como si estuviera alli contigo y me ha recordado a las mil y una que nos hemos dado juntos. En fin que leyendo el artículo hemos estado contigo de fiesta !! yeah !!!
    Sigue disfrutando y bailándole a la vida, Bro, es lo que nos queda. Y para eso estamos aqui…. para vivir……
    Y sigue acordandote de los tuyos, que aqui estamos y que seguiremos ….
    Abrazacooooooooo !!!! y Vaaaaaaaaamos cabrichoniiiiiii !!! rock it mate !!! kissssss

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  5. José Manuel

    Uf! Menuda marcha! Demasiadas sensaciones individuales ….y colectivas.
    Me gustan esas referencias musicales a los padres de los 60,que son las mías,aunque los djs.que salen en pantalla son muy sosos….
    Lo de los “hippies“ de Ibiza o Goa, tiene otro comentario. ¿Contacto con la naturaleza?: la trilla en Castilla o la siega de mi pueblo, ordeño de las vacas o la siembra de patatas con la pareja de bueyes, te pone en contacto que ni veas…..
    Disfruta….canalla! La vida son cuatro días y pasan “que se jode“
    Un abrazo

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