15. Tailandia es Disneylandia

“He abierto un cuaderno nuevo. He destapado un bolígrafo con tinta fresca. Estoy en Tailandia, en la Disneylandia del viajero. A diez mil kilómetros de mi casa de Madrid. A un cuarto de la medida del diàmetro de la Tierra. Tercer pais del tercer planeta del sistema solar y casi cuatro meses de viaje.”

Son las siete de la mañana en Bangkok, en mi ciudad favorita en el mundo. Voy en el metro. El sol de la mañana inunda el vagón sumido en un extraño silencio. En su mayoría, los viajeros van solos, como yo. Nadie se fija en mi. Nadie se me queda mirando. Nadie se me acerca a curiosear, a preguntarme de dónde soy, qué hago por aquí. Salgo de la estación. No hay vacas ni cabras por unas calles perfetamente asfaltadas y limpias. Nadie utiliza el claxon si no es estríctamente imprescindible. Ya no estoy en la India. Estoy en un país nuevo, en otra tierra desconocida, en un nuevo dia.

Un mototaxi me deja en el hotel donde Otto Robert me está esperando. Nos damos un abrazo, hace casi dos meses desde que nuestros caminos se separaron en Katmandú. Nos damos una ducha. Me invita a  desayunar. Disfrutamos de un masaje tailandés en aceite de una hora (8euros). Comemos de uno de los muchos puestos callejeros que siempre hay por las calles de Tailandia y nos tomamos un cafè mientras nos contamos anécdotas de nuestros últimos meses de viaje. Después de una siesta y otra ducha, sobre las ocho de la tarde, nos fuimos de cervezas a Kaosan Road, la zona mochilera de Bangkok por excelencia, de las más conocidas del mundo. Un lugar con un ambiente muy peculiar. Comida de todo tipo, hasta escorpiones,  alojamiento barato y con docenas de puestos que venden de todo. Tienes falsificaciones de todas las marcas ropa. Todas las camisetas y chaquetas de los más importantes equipos de futbol las puedes encontrar aqui. También del Atleti, por supuesto. He visto muchas vestidas por los tais, casi más que del Real Madrid. En mitad de la calle, sobre las once de la noche, unos chavales montan unos potentes altavoces en unos trípodes. Conectan un generador. Sobre una tabla apoyada en dos borriquetas, colocan dos platos de cd y una mesa de mezclas. También han traido un halcón frigorífico con bebida para hacer negocio. Y a pinchar. Una rave improvisada  en mitad de la calle. «Ojalà fuese tan fácil en España», pensaba mientra bailaba con Otto.  No hay duda. Tailandia es Disneylandia.

Otto Robert en Kaosan Road

Otto Robert en Kaosan Road

El segundo día se va Otto Robert, su año sabático ha terminado. Vuelve  a su mundo, a sus propios problemas. Pero llegan mis amigos de la India. Ya sabes, Marta, Vero, Yaiza, Maria y Mikel. Le conocen porque han leído este blog y él a rllos por lo mismo. Son personajes de una misma historia: mi viaje. Pasamos dos dias en Bangkok haciendo compras y visitando templos por el dia y saliendo a tomar copas y cervezas por la noche. Otra vez, por la calle de Kaosan.

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Al tercer dia nos fuimos al norte, a Chiang Mai. la segunda ciudad más importante de Tailandia. Está situada a unos 700 km al norte de Bangkok, es una de las zonas más baratas del pais  y cuenta con muchas atracciones para los muchos viajeros llegan aquí. Visitar tribus (etnoturismo), travesías por las montañas y los bosques de la zona, parques de elefantes, deportes nàuticos, cursos de masaje y de cocina tailandesa. También hay museos. Tiene una zona antigua con templos de más de setecientos años muy bien conservados y cuidados. La zona más moderna también mola, es una mezcla de edificios altos y puestecillos callejeros y tiene mucho ambiente. Aquí estuvimos tres dias con sus tres noches.

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Wat Chiang Man. El templo mas viejo de Chiang Mai.

En alguno de los templos

En alguno de los templos

De Chiang Mai cogimos un autobus a Pai,  un pueblecito muy tranquilo al borde de un bonito rio del mismo nombre, Pai. Fue destino hippi allá por los años setenta. La cabra sigue tirando al monte. Para llegar aquí tienes recorrer una carretera con setecientas sesenta y dos curvas. Ni una más ni una menos. Se ve que alguien se aburrió un día y las contó. Incluso venden camisetas con este dato como si la carretera fuese una famosa montaña rusa. El pueblo en si sólo cuenta con dos calles principales, es tranquilo pero con bastante ambiente y, como Chiang Mai,  también con un montón de actividades que puedes realizar, la mayoría del mismo tipo. Un parque temático dentro de otro.

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La familia llega a Pai

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Mikel, cruzando el rio Pai

Un dia en Pai nos alquilamos unas motos para ver los alrededores. Moló mucho perderse con ellas recorriendo  el valle, disfrutando de los campos de arroz y las plantaciones de tè. TIene unas cascadas también, que parecen paradisíacas en las fotos pero que en realidad no son nada del otro mundo. Visitamos un poblado chino que no es feo, es lo siguiente. Parecía artificial.

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Santichon. El poblado chino.

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Maria, en los alrededores de Pai

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Marta, sentada mirando el bosque

Lo que más me gustó de nuestro dia en moto y de todo el norte en general fue el Gran Canyon. Un conjunto de pequeños cañones y barrancos de arena con un mirador. All disfrutamos de un gran atardecer en el mejor día de toda la semana.

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Gran Canyon

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Gran Canyon

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Maria, al atardecer, en el Gran Canyon

Y nos dió  la nochebuena. Si por algo no me arrepiento de haber venido hasta aqui fue por haberla pasado acompañado de amigos. Para la cena nos pilló el toro. Entre que esperas a que unos se duchen y a que otros compren, nos dieron las diez de la noche. Las cosas de viajar en grupo. Todo estaba cerrado excepto los puestos que venden comida por la calle. Una hamburguesa que compartí, mitad y mitad, con un perro vagabundo en un bordillo fue mi cena nochebuena. Para hacer la noche un poco especial nos hicimos un regalo invisible. A mi me toco Mikel, le regalé una pulsera gay, como él es, de estas que hacen por la calle. Mi regalo le tocó a Yaiza, y lo clavó, un llavero de piel con un “vamos cabra” inscrito en èl.  Desde ese momento ya siempre me acompañará colgado en la mochila.

Mi regalo de Navidad

Mi regalo de Navidad

Una de las actividades que puedes realizar en Chiang Mai y Pai es visitar tribus, como las mujeres jirafa, aunque más que tribus sería más exacto calificarlas como zoos de personas. Son, en la mayoría de los casos, campesinos de Myanmar desterrados a una tierra donde no pueden cultivar y avocados a vivir de las fotos que se hacen con los turistas. La ONU ya ha denunciado estas actividades al considerarlas denigrantes y ha pedido públicamente que no se fomenten. La mayoría son refugiadas birmanas forzadas por el gobierno tailandés a exibirse para seguir con esta lucrativa atracción. Desconozco si este dato es cierto, pero la verdad es que esta gente no tienen otra forma de sobrevivir. Cada viajero que elija lo que crea. Yo lo respeto, por supuesto.

En el Norte de Tailandia, una atracción muy popular es realizar paseos a lomos de elefantes. O baños. Para adiestrarles se utiliza un cruel método que se lama “partirles el alma”. Se les separa de la madre al nacer, se les encierra en un cubículo pequeño o jaula, se les priva de comida y se les golpea. Cuanto peor lo pasen más efectivo es el método. Hay que ser cabrón. Pasado un tiempo, el que será su futuro adiestrador le libera, creandose asi un vįnculo afectivo entre criador y animal. Muchos de estos centros financiados por los turistas utilizan la etiqueta de centros de rescate que supuestamenete cuidan y alimentan a elefantes maltrados y abandonados por otros centros que buscaban negocio con ellos. Si piensas hacerlo alguna vez, por favor, infórmate bien en la web de cuales son los buenos o, mejor, no lo hagas, puede ser peligroso además.

He estado más de una semana por el Norte de Tailandia. Todos mis amigos que alguna vez pasaron por aquí en sus viajes me dijeron que era un lugar que no podía perderme. Para mi, sinceramente, no ha sido tanto, o mejor dicho, no era lo que buscaba. El paisaje me ha resultado indiferente. Dicen que las comparaciones son odiosas, y es verdad, pero cuando viajas por largo tiempo por varios países seguidos es dificil no hacerlo. El Norte de Tailandia, lo que yo he visto, es muy bonito, pero hace escásamente dos meses estuve en Nepal viendo montañas incomparables y disfrutando, a cada kilómetro, de cascadas que hacen palidecer a las tres o cuatro que puedes encontrar por aquí. Entre esto, mi negativa a ver tribus que carecen cláramente de autenticidad y mi objección rotunda a realizar cualquier actividad relacionada con animales, creo que a mi no me han compensado los más de 1600km que me he chupado para llegar aqui. Cosas viajeras.

Ahora me encuentro en Koh Tao, la isla tortuga,  en el  Golfo de Tailandia, paraíso de los amantes del buceo y mi último destino del año. Llegué aquí hace dos días después de un largo viaje por tierra y mar. Una paliza. No vengo en busca de playas. No vengo a bucear. Ya estuve aquí hace dos practicándolo y, por cierto, fue maraviloso. No busco nada de lo que he ido buscando en mi anteriores destinos. He venido a hacer algo que llevo cuatro meses sin hacer. Y que me encanta. Estoy en Koh Tao y he venido a bailar.

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Ahora estoy con Mikel y María. Estamos explorando una zona cerca de la playa de Chalok, al sur Koh Tao, buscando un sitio que nos han recomendado desde el que ver el atadercer. Caminamos por el sendero de un bosque que bordea el mar. Fue despúes de cuarenta minutos, cuando llegamos a una pequeña cala aislada y solitaria. Todo está limpio y silencioso. La arena es blanca con muchos restos de coral muerto. El agua es cristalina. Es una imagen de postal. Ellos se bañan. Yo decido quedarme en la arena, en la orilla, con mis pensamientos. Sobre mi cabeza, un viento cálido sopla a ráfagas. Las olas lamen mi pies. A mi espalda, el bosque viste su manto de ramas verdes que se entrelazan y superponen unas con otras.

“Y frente a mi, un dorado atardecer y un nuevo año que afrontar, como quien abre las páginas en blanco de un cuaderno. Con mi entrada del festival en el bolsillo, contemplo ambos horizontes como una ardilla que, agazapada en el interior de un gran nogal, hiberna con una nuez como almohada en espera de la primavera”.

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2 comentarios en “15. Tailandia es Disneylandia

  1. José Manuel

    Fantástica foto para términar el relato.
    Me encanta la advertencia sobre los elefantes/esclavos sometidos por el síndrome de Esto colmo.(eres cada vez mas grande).
    Lo de las “mujeres jirafa“ es tremendo y tristemente conocido …

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  2. Fran

    Me parece que es un buen artículo que explica como se puede hacer un turismo responsable en Tailandia, lo único tal vez el título no haga justicia jejej

    Te dejo también mi post sobre trabajar en Tailandia que seguro que te trae recuerdos 😉

    Un saludo,

    Responder

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