12. Carreteras de Rajasthan

El viaje ha cogido velocidad. Veinte dias para ver Rajasthan, uno de los estado con más patrimonio de toda la India y una extensión parecida a Alemania. Fuertes, palacios, templos, lagos y desiertos mezclados con elefantes, camellos, vacas y muchas cabras, conectados por un frenético ir y venir en tuctús y autobuses indios. Me pongo cachondo sólo de escribirlo: Rajasthan.

Empecé por Jaipur, la capital y la ciudad más grande del estado de Rajasthan. Allí topé por sorpresa con el Diwali, el fin de año hindú, se celebra una vez al año y es fiesta nacional en toda la India, puede caer entre el 21 de octubre y el 18 noviembre y suele durar 4 o 5 días. Laksmi, la mujer del dios Vishnu, diosa de la belleza y de la buena suerte, es la deidad más presente en estas fiestas. Pequeños altares con velas en la puertas de viviendas y comercios, fuegos artificiales, petardos y luces que nunca son suficientes por todas las calles. Estuve allí dos días con Leon visitando la ciudad antigua y el Amber Fort.

Amber Fort

Amber Fort

Este palacio-fortaleza construido sobre un templo del año 955 y terminado el siglo XVI. El complejo esta rodeado por un bello lago artificial y se alza sobre una colina. Accedes a él tras vencer una cuesta de diez minutos que algunos turistas suben a lomos de elefante. Perderse entre los distintos niveles de este laberinto de salas y contemplar las vistas sobre sus almenas hacen que  merezca la pena no perdérselo.

Interior del fuerte. Y Leon

Interior del fuerte. Y Leon

De allí llegué junto a Leon a la tranquila Pushkar.  Está al borde de un bonito lago, es pequeña y cuenta con el único templo dedicado al Dios Brahma de toda la India. Todos los viajeros que he ido conociendo por el camino tenían intención de venir o ya habían estado, y no es para menos. La calma y la espiritualidad que se respira hacen que sea un refugio perfecto para darte al relax, alojarte por 4 euros en un buen hostal con piscina y pasear por sus calles con encanto. Una maravilla chill. Y allí tuve otra sorpresa inesperada, el Camel Festival, uno de los mercados de camellos mas grandes del mundo. Vendedores y compradores de caballos y camellos de toda la India se reúnen en esta feria para hacer negocio. Por menos de trescientos euros puedes comprarte uno con buenas prestaciones para recorrer el desierto si te apetece. Yo de momento prefiero el autobús, el viaje necesita velocidad más que nunca. Leon se ha ido a un curso de meditación Vipassana. Consiste en pasar diez días en un entorno natural sin hablar, sin leer, sin sexo, sin escribir ni escuchar música, solo meditación pura y extrema.

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Lago de Pushkar

Preparo mi mochila, la apoyo sobre mi espalda y noto como se ajusta a ella con su abrazo embrionario. Ya es un apéndice más de mi cuerpo.  La cámara de fotos siempre a mano. El pasaporte siempre en los huevos. Cierras los ojos. Respiras. «Vamos Cabra», piensas.  Abres la puerta de tu habitación y te lanzas al camino, a las calles de la India. La ostia. Es abrir la puerta y notar su tacto. Vas buscando ese autobús o ese tren que te lleve a ese pueblo o esa ciudad que algún viajero que conociste por el camino te dijo que no podías perderte. Sólo sabes que toca empezar de cero en otra ciudad. Nada más. No sabes que vas a encontrar, dónde vas a dormir. No tienes ni idea de a quién vas a conocer.  

A Marine la conocí en una parada de autobús, a Otto Robert en un hostal, a Leon caminando, a mis amigos españoles viendo un espectáculo. Viajando las amistades nuevas acechan en cada esquina y en cada curva del camino. Incluso, ofertas de trabajo también. Llegué a Jaisalmer por la tarde en un autobús local donde hice amistad con el gerente de de un hostal que me ofreció trabajar con él. Cuatrocientos veinte euros por cuarenta horas semanales con alojamiento y comida, para llevar la web y atraer clientes occidentales. Lo rechacé, pero está bien saber que en cualquier momento podría surgir algo interesante que me haga alargar el viaje. La ciudad tiene mucho encanto. Una de esas que te trasladan en el tiempo. Tres días estuve allí solo viendo la ciudad amurallada y unas ruinas que hay en las afueras.

Jaisalmer

Jaisalmer

Fort

Fort

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Y para terminar de ver Rajastán, visite Udaipur, la Venecia Asiatica la llaman. Una de las ciudades más románticas de la India. Una elegante ciudad con elegantes palacios tanto a orillas de su lago como sobre él. Aquí llegaron mis amigos españoles para celebrar el cumpleaños de una de ellos. Fue el primer día en toda la India, en más de un mes, que comía carne y bebía cerveza. Cuarto lugar cuarta inesperada sorpresa, un fin de año indio, un mercado de camellos, una oferta de trabajo y ahora esto. Cada lugar siempre trae una sorpresa  y cada dia es diferente en la India.

Udaipur desde mi hostel

Udaipur desde mi hostel

Llevo ya más de ochenta días viajando. Ni Willy Fock. Casi tres meses sin casa, viviendo de acá para allá y tratando a diario con personas que no sabe nada de mi.  No importa mi pasado, no importa de que ciudad vengo, nadie sabe cuanto dinero tengo en mi cuenta, ni de mis creencias, si soy de una ideología política o de otra, nadie sabe si soy majo o soy gilipollas cuando llego a una nueva ciudad. No soy el que trabaja alli, el hijo de tal o el amigo de pascual, simplemente soy “ese que viaja”. Nadie más, y en función de cómo me comporte a diario, a cada momento, así soy tratado, tanto por la gente local como con el resto de viajeros. Y ser yo mismo, y no otra persona, es uno de mis más preciados bienes cuando viajo.

Voy en un autobús por Rajasthan. Hoy he tenido suerte, solo he tenido que esperarle dos horas sentado en un bordillo. He visitado hermosa de ciudad de Udaipur. He estado de cumpleaños con mi amigos españoles, me di una buena cena con cerveza y un chofer me dejó anoche en la puerta de mi hotel. Conecto mi móvil sólo para ver como ha quedado el Atleti contra el Betis. Y ha ganado. «What a wonderful life!», pienso. Estoy feliz. Apoyo mi cabeza sobre el cristal de la ventana usando una sudadera como almohada y me pongo a escuchar música. Para estos momentos elijo el deep house. Sus profundas melodías y su ritmo se mezclan con el movimiento del autobús, que a su vez, se entrelazaban con un continuo flashazo de luces tras la ventanas, creándose así, un particular polirritmo que traslada mi consciencia al sueño, y con él, a otro lugar donde empezar de cero.

Toc toc toc.  «Panipanipanipanipanipani», un vendedor ha golpeado mi ventana para venderme agua y me ha despertado. Son las nueve de la mañana y hace mucho calor. No me da tiempo a comprar, la puerta se ha cerrado con un fuerte bufido de aire comprimido y arrancamos para recorrer la última hora de trayecto hacia Mumbai. Me desperezco y me dedico a observar tras la ventana del autobús sumido en extraño silencio. E impresiona lo que ven mis ojos. Kilómetros y kilómetros y kilómetros de interminables arrabales de chabolas con techos de chapa o plástico que el sol convierte en hornos durante el dia, bajo una espesa nube de polución. Estamos en invierno y hará unos treinta grados a la sombra ¿Cómo vivirán esta pobre gente en verano? me pregunto. Es increíble lo que puedes llegar a ver desde un tren o un autobús indio. Un pelotazo de realidad en la cara por la mañana. Y con un balón de los ochenta, frio y embarrado. Asi es la India, no te puedes confiar. Viajas feliz y contento pero te golpea el corazón cuando menos te lo esperas. Cada persona y cada viajero tiene que adaptarse por sí mismo. Es cada uno, individualmente, el que tiene asimilarlo como puede. Nada puedes hacer.Tienes que atravesar esas dunas de emociones que te ofrece la India. Y esas dunas no se puede bordear.

Calle pobre de Mumbai

Calle pobre de Mumbai

I

Calle rica de Munbai

Mumbay

Mumbai

 

Carretera de Rajasthan

Carretera de Rajasthan

 

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