10. El espejo indio

Juanan360   13 noviembre, 2015   4 comentarios en 10. El espejo indio

En un autobús con luces de puticlub y música nepalesa llegué a la frontera india a las cuatro de la mañana. No había nadie en las garitas y las ventanillas estaban cerradas. Tuve que llamar con fuerza a la puerta de los puestos para despertar tanto al nepalés que me sellaba la salida como al indio que me sellaba mi entrada. A ninguno pareció hacerles gracia, al indio sobretodo, que me selló el pasaporte en calzoncillos. Aun asi; «Welcome to India», dijo al devolvermelo. «Bienvenido a la India,», pensé. Y sonreí.

Desde aquel momento surrealista han pasado varios días. Le he dado muchas vueltas al bolígrafo pensando en cómo describir lo que veo y lo que siento, en tanto que viajero, en tanto que persona normal y corriente, viajando por la India. La verdad que no resulta fácil porque cada día y lugar es diferente y también la sensaciones que todo ello me provocan. “O amas este país o lo odias”, dicen. Yo todavía no lo sé. Depende del día y del lugar.

Varanasi

Llegué a Benares tras perder el tren que tenia reservado desde la frontera después de treinta y seis horas de viaje y cuarenta y ocho sin dormir, con la cámara rota por un golpe, acatarrado y mosqueado conmigo mismo por haber extraviado mi colgante molón, un regalo que me hicieron por mi cumpleaños y con bastante valor sentimental para mi. Llegué a la ciudad cansado y de mala leche, cabreado con el mundo. Casi os diría que cansado de viajar. Incluso viajando, uno no puede estar siempre de buen humor, al fin y al cabo, el viajar es como el vivir, con sus días malos también. En esos casos, no queda otra que intentar reconocerlos, asumirlos y tratar de llevarlos con la mayor paciencia posible para que pasen pronto.

Varanasi desde mi habitación.

Varanasi desde mi habitación.

“Otra vez el tráfico agobiante, con las vacas, y las cabras y los perros callejeros, el aire contaminado, y el calor asfixiante. No hay nubes pero puedo ver el sol sin gafas. En la rivera del río se se encuentran los sagrados ghats; una especie de escaleras que dan al agua donde se organizan ceremonias de cremación de los difuntos, porque según la mitología hindú el Ganges es la personificación de la diosa Ganga, hija de Shiva y diosa de la reencarnación, y morir en sus orillas significa terminar con el ciclo de reencarnaciones y llegar al paraíso. Son escenas impensables donde vengo pero aqui la religión y espiritualidad marcan el día a dia y la vida en general de todas las personas desde que nacen. Y son muchas, no sabes cuantas. Y entre todas, el extraño soy yo, observando con mis ojos occidentales, sentado en un escalón del ghat, los rituales; las cremaciones de los difuntos sobre el Ganges, y donde chiquillos desnudos juegan bajo el olor terrible de las hogueras que aguardan a los muertos su momento que ya llega”.

No fue un dia agradables, lo reconozco. Incluso a veces pensaba, «¿Qué coño hago yo aquí, como un vouyer morboso viendo esto? ¿Por qué no estaré en una isla paradisiaca de Tailandia bebiéndome un coconut? ¿Soportaré dos meses más en este país?»

Ghats

Ghats

Una vez Otto Robert  me dijo «La India es como un espejo. Si no tienes el día, si no estas dispuesto a sonreír y a tener paciencia mejor quédate en tu habitación porque allí recibes tanto como das».«Y si estás mal, te deja peor», añadiría. Es la ley del karma. La ley del causa-efecto, parte integral de la filosofía hindú.

Mahatma Gandhi (1869-1948): “La gente es amable cuando yo soy amable; Las personas están tristes, cuando yo estoy triste; Todos me quieren cuando yo les quiero; Todos son malos cuando yo los odio; Hay caras sonrientes cuando yo sonrío; Hay caras amargadas cuando yo estoy amargado; El mundo es feliz cuando yo soy feliz; La gente se enoja cuando yo estoy enojado; Las personas son agradecidas cuando yo soy agradecido; En definitiva, la actitud que tome frente a la vida, es la misma que la vida tomará de mi”. 

«No es India la que falla, fallo yo, fallan mis ojos y su forma de mirar»

Rishikesh.

“Hace un día estupendo; el aire huele limpio y el Ganges está rodeado de montañas verdes. El río recibe la luz del sol y reflejar el ir y venir de la gente, de la barcas de rafting y el puente. Hay viajeros de todo el mundo que han venido a practicar y tomar clases de tai-chi, reiki, tantra, meditación, medicina ayurveda y yoga, hay clases de todo para todos niveles a todas horas. Tambien porque es un bonito lugar para descubrir sus alrededores que cuentan con templos, cuevas y cascadas, y sus restarurantes, la mayoria vegetarianos con su variedad infinita de tipos tés, sojas, zumos naturales, y unas variadas cartas con exquisitos platos a unos precios que así da gusto. Buena, sana y barata vida en Rishikesh. Un sitio con poco trafico; Un lugar para traerte a la novia, para alojarte en un hostal juvenil y encontrar compañía para lo que te apetezca, y escribir, si quieres, sobre lo maravilloso que es viajar por la India.”

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Rishikesh

Placer indio

Placer indio

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Dos ciudades bañadas por un mismo río; Dos estados de ánimo bañados por un mismo país. A veces la odio, a veces la amo. Así de intensa es la India. Meses antes de mi viaje, mucha de la gente a la que comentaba que iba venir a aquí, me decía que ellos no aguantarían estar en un pais como éste porque no podrían soportar la miseria que aquí puedes llegar a ver. Y la verdad que no es fácil, cuesta mirarla de cerca. La vida en la India es esencialmente injusta, de eso no cabe ninguna duda, querer venir e intentar adaptarse puede que cueste tiempo y esfuerzo, decidir si merece la pena sacar lo que de belleza hay en ella ya depende del criterio de cada uno.

Pero cuando lo intentas y encuentras, entre la gran variedad de lugares, aquel que mejor se adaptas a lo que te gusta; Cuando logras ver en la suciedad un mero orden diferente de las cosas; Cuando sientes su caos como algo digno de ver; Y sonríes. Y respetas. Cuando, en definitiva, subjetivizas, y razonas que aquí el extraño eres tú y logras sacar, percibir y sentir la profunda esencia de la India… Prepárate. Abre bien todos tus sentidos. Y estate listo para flipar en colores con los innumerables estímulos, sensaciones y escenas variopintas que la India te puede ofrecer.

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